“La mejor forma de predecir el futuro es inventándolo”

 Aporta una mirada sosegada sobre las transformaciones que han tenido lugar en el mundo del libro a lo largo de su historia.

Javier Celaya

Vivimos en la era de la Información y la Comunicación, una era en la que las Tecnologías de la Información han pasado a formar parte de nuestras vidas convirtiéndose en relevantes en muchos de sus ámbitos y causando un gran impacto. Si consideramos y sumamos la irrupción de Internet, además de la dificultad de acceder a la amplitud inabarcable de información disponible, encontramos una de las causas del desarrollo de las tecnologías acerca del texto y una de las claves del nacimiento del texto digital. En este momento histórico, las Tecnologías de la Información han llegado a influir no solo en el mundo del libro sino también en su digitalización y, por tanto, en la necesidad de asumir que nuestras costumbres de creación, acceso al conocimiento y consumo están en continua transformación, generando así la aparición de múltiples reflexiones sobre el papel de cada uno de los agentes del ecosistema literario y opiniones diversas acerca del futuro del libro.

José Manuel Lucía Megías nos presenta de esta manera, con su Elogio del texto digital. Claves para interpretar el nuevo paradigma., un análisis, más que un puro elogio, de la historia y los avances de la tecnología y el texto, de su difusión y recepción en diferentes momentos históricos, y de la llegada y desarrollo del texto digital, con sus consecuencias y ventajas actuales, con el fin de despertar un interés y espíritu innovador en el lector, que lo conduzca a recapacitar y asumir el cambio de paradigma y los grandes cambios que se están produciendo en nuestra sociedad y, sobre todo, lo lleve a comprender que intentar ganar tiempo frenando la irrupción de la innovación tecnológica no va a hacer que la transformación del mundo del libro se detenga. 

Ya en el primer capítulo, nuestro autor nos plantea la posibilidad de explicarnos la historia del texto unida a la de las nuevas tecnologías, con una reflexión final sobre su influencia en las Humanidades Digitales. Recurriendo a la primera de las tecnologías, la escritura, irá enlazándola con sus cambios más relevantes y su similitud con la tecnología de los ordenadores, todos ellos medios que en su momento de eclosión despiertan en la sociedad sentimientos tanto de miedo e incomprensión como de entusiasmo, de posibilidades, ventajas y desventajas. Se hace un recorrido que comienza en la escritura cuneiforme mesopotámica, avanza hasta las inscripciones griegas en piezas funerarias y continúa con la justificación de la aparición del papiro gracias a la necesidad de una escritura perdurable, no efímera. Con este cambio de paradigma, de la oralidad a la escritura, enlazamos y entendemos el cambio de lo analógico a lo digital en la difusión de la información y el conocimiento actual.

Se desarrolla también y se relaciona así la historia de la aparición de la imprenta en el siglo XV con el desarrollo actual de la tecnología informática centrándose, en concreto, en la comparación entre la desaparición del códice manuscrito con la imprenta, y la posible desaparición del libro impreso debido a los grandes avances tecnológicos. Además, el texto hace hincapié en el análisis del modelo de una industria editorial que, a pesar de considerar al texto como la unidad de soporte de difusión y haber conseguido que la tecnología de la escritura perviva hasta nuestros días, sostiene sus bases en el libro analógico como objeto inamovible e intacto, y, por ello, está condenada a desaparecer.

La aparición del Memex y el sueño de Vannevar Bush de poseer una herramienta capaz de acumular y relacionar información más allá de la memoria aprovechando la tecnología informática, el Index Thomisticus o el proyecto Xanadú, que introdujo el concepto de “itinerarios de lectura” e hipertexto, con tantos beneficios para las Humanidades Digitales, y los años setenta con grupos de jóvenes apasionados que intentan buscar una solución a los problemas que les plantea su tecnología ante la indiferencia de su propio sistema que ni se cuestiona estas dificultades, nos llevan a un punto en el que comprendemos la relevancia de los cambios digitales que han revolucionado nuestra vida, nuestra cultura y se ha encargado de difundirla en los últimos años. Ante el fracaso de los primeros e-readers, vivimos en estos momentos un auge de todo tipo de lectores electrónicos y dispositivos similares, que, con mayor o menor éxito, han marcado una nueva generación de soportes de lectura. El texto digital quiere ir más allá de la reproducción en formato digital o de la copia de modelos de materiales analógicos, llegando a ser capaz de crear nuevos modelos de difusión aprovechando sus ventajas y no imitando patrones anteriores.

Nuestro autor, además de dejar entrever su posicionamiento sobre el tema de su libro en cada una de sus hojas, lo concreta claramente en el cierre: un mundo improbable si nos mantenemos firmes en las políticas de digitalización actual, en el rechazo de la industria editorial a explorar este campo, en el silencio dentro de las universidades y los centros de investigación, donde no hay una verdadera relación entre los adelantes tecnológicos y su aplicación real en la creación de nuevos modelos de difusión, de conservación, de conocimiento. Los nativos digitales de nuestra sociedad o aquellos inmigrantes digitales que confían en desarrollar al máximo el potencial de las Tecnologías de la Información se están encontrando con una problemática que afecta claramente a su propósito: los poderes políticos, las instituciones académicas y educativas, las grandes industrias como siempre lo ha sido la editorial, incluso el sector público en general, que deberían ser las claras impulsoras de los cambios y del desarrollo, se muestran reacias a aceptar el cambio de panorama de lo analógico a lo digital y todas las consecuencias, tanto positivas como negativas, que ello conlleva. Al no existir una unión entre las necesidades o aplicaciones reales y los avances tecnológicos en cuanto a modelos de difusión, relación y conservación del conocimiento, nos encontramos en pleno S.XXI con un país en el que el atraso en la educación en lo que respecta a la Tecnología de la Información y del Conocimiento es innegable, como también lo es la necesidad de una conciencia que replantee los objetivos de una nueva biblioteca digital, adecuada a una nueva era como la que vivimos. Poseemos unas inversiones públicas pero destinadas únicamente a proyectos en defensa del mundo analógico, y una amplia biblioteca que pretende únicamente la acumulación y preservación de los textos sin apenas detenerse a reflexionar sobre las necesidades que el nuevo usuario precisa. Optamos a una educación y Universidad, sí, pero que no tiene adaptada ni la docencia ni la investigación a ningún tipo de avance tecnológico.

Con estos argumentos, este libro presenta una clara crítica al pasotismo e inmovilismo voluntario característico de nuestra sociedad, además de la manifestación de una firme postura hacia la innovación y el progreso en cuanto a las Tecnologías de la Información se refiere. Según mi criterio, Elogio del texto digital es un libro que, aun teniendo el propósito de ser divulgativo, no consigue finalmente su objetivo. El uso de terminología específica o la narración de las invenciones de ciertas tecnologías a lo largo de la historia imposibilitan la llegada a un público más amplio, limitando así el número de lectores a especialistas en Lengua y Literatura, como puede ser un filólogo o un profesional de ámbito similar, o a interesados en el campo de las Humanidades Digitales concretamente.

A pesar de esto, he de admitir que me han parecido interesantes todos los aspectos tratados por el autor, ya no por el hecho de resultar curiosos, sino porque probablemente nunca me los hubiese llegado a plantear a pesar de ser un proyecto de futura filóloga. Además, mi opinión coincide casi totalmente con la del autor: ha llegado un momento en el que al ser humano no se le facilita ver más allá de sus narices. Al miedo a lo desconocido hay que sumarle la negativa política y académica de convertir los nuevos avances y mejoras tecnológicas en una realidad. El texto digital no cuenta con un sólido apoyo ni en su desarrollo ni en su difusión por parte de ninguno de los agentes que dominan el mercado, que se centran en eternizar un pasado, en preservar modelos antiguos, sin ni siquiera analizar las posibilidades que hoy en día nos ofrece. La tecnología digital ha surgido como una herramienta de ayuda encargada de convertir (o intentar) los aspectos menos sencillos de nuestra vida personal y profesional en algo mucho menos complicado.

La tecnología está ahí, el conocimiento también… tan solo queda la voluntad política y académica para convertirlo en una realidad, ultima Lucía Megías.

Tan solo.

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