Red de redes. Rizoma. Arroyo sin fin. Nocilla Dream.

Nocilla Dream constituye ya no una novela, una poesía o un ensayo, sino un peculiar y complejo artefacto literario difícil de englobar en un solo género que consigue en sus 113 capítulos combinar textos y fragmentos del ámbito científico, publicitario y cinematográfico, o bien relacionados con la filosofía, la sociología e incluso con el arte contemporáneo,  persiguiendo una innovación literaria que parece querer sorprender hoja tras hoja al lector. Y sí, efectivamente, conmigo lo ha conseguido.

Agustín Fernández Mallo es creador y promotor de la llamada “Poesía Postpoética”, una corriente literaria, una supuesta nueva forma de escribir, calificada como un “método sin método”. Sí que es cierto que el Proyecto Nocilla marca un antes y un después en el panorama literario, pero su poética, si el posible lector es un mínimo conocedor de nuestra historia literaria, no es para nada una innovación sino una relectura muy bien aprovechada del pasado a la que le ha sumado un toque provocador.

Con un título basado en una noticia del New York Times acerca de la aparición en el desierto de Nevada de un árbol del que colgaban miles de pares de zapatos de origen desconocido y una canción del grupo musical Siniestro Total, esta obra nos presenta fragmentos narrativos, líricos, descriptivos o reflexivos intercalados, aparentemente sin ninguna relación con el anterior; citas, recortes periodísticos y teorías matemáticas recorriendo escenarios que van desde Nevada a China o España hasta una micronación. Tal y como apunta Juan Bonilla en el prólogo, se trata de una especie de “literatura zapping”, en la que parece que estés saltando de un canal a otro, con personajes que aparecen, desaparecen y que tienen, al menos, un punto de unión con algún personaje anterior que el lector ha de descubrir: ese único álamo que encontró agua y del que penden miles de zapatos.

El-Arbol-de-zapatos-en-Middlegate-Nevada

Nocilla Dream nos hace circular realmente por la US50 de la mano de personajes que van desde parejas infieles que se aman bajo el árbol, padres e hijos excursionistas, caminantes solitarios que quieren ser Colón, pasando por un habitante de un aeropuerto, un pintor de cuadros con chicles y un argentino obseso de Borges que decide construirle un singular monumento hasta llegar a un grupo de cuatro rubias surferas, un coleccionista de fotos de gente anónima y prostitutas de burdel que sueñan con un futuro mejor patrocinado por algún cliente que las lleve al Este. Todos ellos son seres solitarios, sometidos a sus tristes rutinas, melancólicos, incomprendidos e incluso yo diría que con alguna patología mental que consiguen arrastrar al lector con facilidad a sus situaciones y vivencias, incluso a sus sentimientos y lenguajes por medio de la casualidad, tal y como sucede en la vida real.

Dando también una pincelada acerca de lo que a mí me parece una defensa de la escritura, reflejada en el fragmento en el que se afirma que en el año 2054 será imposible la lectura de un CD actual por carecer de una tecnología anticuada pero, en cambio seguirá siendo legible una carta, nos encontramos ante una obra que da la impresión de ser un collage de materiales, un reciclado de fragmentos y temáticas, un híbrido con múltiples escenarios, reflexiones y preguntas, un claro y enorme hipertexto que tiene lo mismo de extravagante que de atractivo y que recuerda vagamente al maestro Cortázar y su Rayuela.

Si nos dejamos llevar por la intención de Fernández Mallo de ir más allá de lo que aparentemente quiere decirnos este libro, podemos llegar a una curiosa deducción: igual que nuestro cerebro, tras terminar la obra, es capaz de interrelacionar todos los fragmentos y buscar un vínculo entre ellos porque tenemos la capacidad de guardar y encontrar una unión a informaciones separada, el funcionamiento que tiene Internet, fiel compañero de nuestro día a día, es exactamente el mismo: redes y redes interconectadas entre sí en las que podemos encontrar todo tipo de materiales y búsquedas y que funcionan como una única plataforma de alcance mundial. Tal y como apunta claramente uno de los capítulos: […] la red Internet, y la red neuronal, poseen todas una misma topología, por lo que pueden ser consideradas, a ciertos efectos, isomorfas.

Desde la ciencia a la tecnología pasando por la literatura, Nocilla Dream es el producto resultante precisamente de esa mezcla de poética y ciencia. Pretende demostrar, según mi humilde opinión, que la aparente discontinuidad e interrupción de toda la información que nos presenta, no es sino una técnica para persuadir e invitar a la reflexión a sus lectores. Dicha meditación, después de 113 peculiares fragmentos, nos lleva a darnos cuenta de que estos múltiples materiales que conforman la obra se hallan, en realidad, conectados, vinculados entre sí, interrelacionados, gracias a la capacidad y voluntad que tienen estas hojas tanto de cautivar a un lector que anda perdido de principio a fin pero disfruta de esa sensación, como de querer permitirnos extrapolar este Nocilla Dream al mundo global en el que vivimos. Nuestra cotidianidad, los efectos de la globalización que la acosan, el desarrollo y la difusión de la información a una velocidad agobiante de vértigo y la anarquía de las ciudades que habitamos y que nos hacen sentir la pequeñez del ser humano se encuentran, a día de hoy, determinadas por los avances y desarrollos tecnológico-científicos y por un destino, azar, casualidad o llámenlo X que ha gobernado siempre la vida de todo ser humano. Y fue probablemente esta combinación la que gobernó la mente de Fernández Mallo en y durante la creación de una obra como esta, sin ningún principio y sin ningún final, ni determinado de antemano ni por determinar a posteriori, pero, al fin y al cabo, una obra que es fiel y claro espejo de esta nuestra realidad.

Sí, definitivamente Nocilla Dream es un caos, pero… ¿no es la vida misma precisamente eso? Un CA-OS, o dos, o tres.

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